viernes, 11 de mayo de 2012

El Beso de una lamia



No la conocía, era una fugaz imagen que ante él se había sagazmente deslizado tanto en memorias como en eventos esporádicos la vaticinaba, la añoraba, la invocaba con sólo un destello de su lúcido pensamiento. Decidido a abordar una persecución, tal vez era exagerado llamarlo de tal manera pero Kael le había producido tal impacto esa mujer que en su sin fin de sensaciones lo llevaban a viajar entre ráfagas de desenfreno creativo.
Caminó rápido para lograr alcanzarla, sabía que no sería capaz de hablar con ella de inmediato pero sólo deseaba al menos observarla de cerca, era una momentánea obsesión que confrontaba su vergüenza. La veía en la esquina de la avenida esperando cruzar la calle, sobre ella había una lámpara que resaltaba sus rasgos, su vestimenta, su sobrenatural hermosura; llevaba un vestido azul oscuro que contorneaba su figura, un bolso pequeño y tacones altos; se fijó especialmente en la pureza de su piel, tan blanca que parecía resplandecer en la penumbra. Se dirigía rumbo a aquel teatro, había una presentación, una orquesta europea se presentaría, por lo que causaba gran revuelo en la prensa y la gente culta de la ciudad. Kael observaba como los medios y algunos ricachones hacían alarde de su presencia en el lugar, sobre su estatus y jerarquía frente a la indignante e ignorante plebe que los rodeaba. Esa era su forma de ver el mundo, tan despectiva que lo hacía ver a él como todo un filántropo, no los despreciaba simplemente ignoraba su presencia. 


Frente al teatro tropezó con un sujeto llamado Adrian, era un conocido que concurría esas juergas nocturnas de insomnio, mujeres y alcohol. 
- ¿Kael? ¿Cómo has estado? Tiempo sin saber de ti, en realidad de todo el grupo-. Exclamó jovial, mientras lo abrazaba.
- Ya déjate de tonterías y suéltame, veo que no has cambiado, siempre tan irritante e hiperactivo-. Exclamó Kael enojado mientras el propinaba un ligero empujón.
- ¿Pero qué dices? No es algo que debamos preocuparnos y menos culparnos, así que olvídalo-. Le gritó, mientras Kael le daba la espalda. 
Kael se aleja, se ha concentrado en su tarea de encontrar a esa mujer, el resto le parecía tan insignificante que a ratos el tiempo le jugaba trucos evasivos a su percepción. Entre el color caoba de la madera, el rojo de la alfombra, el dorado de la decoración y aquel enorme candelabro de cristal sujeto al techo que se encontraba frente al pasillo que lo conducía hacia donde sonaba a Schubert. En tal inmensidad veía imposible poder encontrar alguna pista pero no desistía de la idea. “Es como bajar las escaleras rumbo a lo incierto ¿hacia el infierno? No, no lo creo… esta música es pura, producto de ángeles” Pensó mientras sus paso lo conducían poco a poco hasta los primero asientos, en uno de ellos se encontraba un anillo y atado a él un trozo de papel, algo deteriorado y no parecía estar escrito, sin embargo le causó una extraña impresión. El anillo era pequeño, de oro, sin incrustación de ningún tipo, el papel en cambio no parecía importante.  Luego de examinar ambos objetos los guarda en el bolsillo de su chaqueta. Las personas observan extrañados a Kael, es la única persona de pie en el pequeño corredor y las personas más cercanas se encuentran más perplejas con su semblante intranquilo. 


Ha recordado entonces como ha empezado todo, la imagen de aquel suceso distante. No quería irse nuevamente a esa escena, no quería vivir nuevamente su culpa sin embargo la conciencia se empeñaba en no dejarlo olvidar.


Aquella noche de farra con los compañeros de siempre en búsqueda de alguna emoción, ya casi era media noche y no había mucho que hacer en aquel departamento, la fiesta había terminado temprano y aquellos que se encontraban allí eran los que yacían en el suelo drogados o muy tomados. Esa noche un par de ellos había ido a comprar algo de alcohol y conseguir algo de anfetaminas, conocían a un distribuidor por la zona que podría venderles algo. Al llegar, ya se encontraban muy drogados, habían probado la nueva “mercancía”, lo que restaba comenzaban a probar aquello que los había puesto en aquel estado, sus miradas se perdían, sus ojos se brotaban y sus cuerpo sudaban y se retorcían de tal manera que parecían estar sufriendo un ataque. De pronto uno de ellos trae a una mujer amordazada, atada de manos y pies. Era Adrian, la toma por el pelo y sacudiéndola hasta golpearla en el rostro y la arroja al suelo. Parecía querer controlarse, sus manos temblaban y su voz se hacía inconstante y llena de jadeos como si estuviese cansado. 
- Guarda silencio, ¡cállate!- Gritó Adrian. 
Súbitamente interviene Frank, un sujeto alto, blanco, de voz ronca y de ojos vacíos; carecían de brillo, como si no tuviese alma. Se había discutido el hecho de permitirle estar en el grupo pero lo habían integrado debido a su facilidad para conseguir drogas.   Dirigía todo como si manejase la situación, como el actor principal en el asunto.


El resto de los hombres la tomaban de brazos y piernas, se encargaban de atarla para que no opusiese resistencia. Ella por otra parte intentaba zafarse de los brazos de sus secuestradores, embargada por el llanto y la desesperación por la impotencia y su mal acierto. Entre todos rompieron salvajemente sus prendas hasta ver su desnudez, cada uno de ellos comenzaba aquel ritual carnal tan desenfrenado y depravado…


Los minutos transcurrían  lentamente, con cada movimiento, con cada gemido, con cada grito, con cada golpe y sobre todo con cada imagen. Al final todos se habían ido dejándola en el suelo, tan indefensa y malograda. Kael desde aquel cuarto no pudo evitar acercarse a ella, la hallaba tan inerte en el suelo que parecía no poseer vida, vio sus parpados moverse y con ello creció su alivio. 
- Voy a liberarte –Le susurró Kael-. Pero quiero que salgas lo más pronto posible, volverán en cualquier momento –continuó inmediatamente.-
La mujer asintió con la cabeza levemente, estaba asustada y no sabía si confiar en él. Al soltar las amarras Kael abrió la puerta de apartamento y vio que el pasillo estaba vacío, existía una oportunidad para ella. La mujer desnuda se arrastró algunos metros por el suelo hasta tropezar con una pequeña meza, dejando caer una figura de porcelana. El pánico se apoderó de ella tropezó varias cosas mientras corría y al salir ya regresaban aquellos hombres, ella sigue hacia las escaleras, mirando hacia atrás queriendo perder a sus perseguidores. Frank la alcanza y la toma por el brazo, la sujeta y sacude fuertemente, sus ojos coléricos, su respiración agitada y sus movimientos compulsivos correspondían a alguien fuera de sí. La mujer intenta liberarse y en un intento desesperado de lograrlo coloca sus pulgares en los ojos de su agresor. Ella ha conseguido zafarse, pero ha salido despedida un par de metros hacia atrás, cayendo escaleras abajo hasta golpearse la cabeza. Ese fue su fin, había acabado su vida y sin embargo su tormento. 
- Ahora sí que la hemos embarrado… ¿Quién debía encargarse de vigilarla? –Preguntó Frank-.
- Creo que debía ser Harold pero está muy drogado como para que pueda dar una explicación. –Dedujo irónicamente Adrian-.
- ¿Cómo pudo escapar esta mujerzuela?
- Quizás no hizo bien los nudos, no logró amarrarla como es debido, eso es todo… -Respondió mientras miraba de reojo hacia la puerta donde estaba observando furtivo Kael-.
- Bueno igual teníamos que hacer algo con ella a fin de cuentas. –Aseveró Frank- ¿Conoces algún lugar donde podamos desaparecerla? –continuó preguntando-.
- Sí, se dé un teatro donde esta tapeando un muro y quizás podamos arrojarla allí antes de que lleguen los constructores.
- Parece una buena idea vayamos cuanto antes pero antes creo que no valdría la pena dejarla con estas prendas ¿no? –Inquirió Frank-. Los muertos no necesitan lujos así que tomare el collar y ustedes el resto. –Continuó-.
Kael observó horrorizado, no se atrevió a objetar sobre las ideas que allí surgirían, de alguna manera debía desaparecer el cuerpo, de alguna forma debían zafarse de la culpa. Ya era tarde, ya había sucedido la tragedia y él había quedado como cómplice, a pesar de no haberse involucrado directamente, Adrian no lo había delatado pero eso no lo hacía sentir mejor.
Ahora, su vista se pasea nuevamente por ese enorme recinto, una esencia de olvido impregnaba el ambiente, tal esencia era perceptible para su instinto o para su aletargada pasión. Volviendo a la realidad Kael observa al sujeto junto a la butaca, le devuelve la mirada desconcertada y con un aire de nerviosismo.
- ¿Hola disculpe, podría decirme si alguien estuvo acá hace un momento? – Preguntó mientras señalaba la butaca vacía.
- La verdad me es difícil decirle, no puedo recordarlo pero tengo la impresión de que alguien ocupaba este asiento.- Respondió dubitativo mientras se quitaba los anteojos y frotaba sus ojos.
- ¿acaso era una mujer? ¿la ha visto? Dígamelo, tengo que saberlo…- Exclamó Kael desesperado.
- Creo, si… si… ¡Si, era una dama! Tengo casi la certeza pero no la recuerdo…- Afirmó tajante pero algo amnésico. –Creo que fue al tocador- Concluyó.
Kael observó Aquella silueta paseaba su misterio en aquel umbral donde hace algunos minutos él se encontraba. Corrió desesperadamente, no quería perderla, quería aclarar aquella idea que nublaba su razón. Las personas dejan sus asientos, la primera función ha terminado y en medio de esa humanidad tumultuosa  Kael se abre paso. Al poco tiempo ya estaba en un corredor cerca de los baños, de pronto ve a Adrian dirigirse al baño de caballeros con prisa. Kael rápidamente le sigue el paso, al estar dentro Adrian lo observa un poco desconcertado, desde el espejo mientras inhalaba algo de lo que parecía ser cocaína. Adrian se limpia la nariz, se sacude y estira un poco mientras sigue observándose en el espejo y luego lava su cara. 
- ¿Qué hay?, ¿urgido como yo? –Pregunta Adrian irónicamente-.
- No, muy bien sabes que no ando en esas… -Masculla Kael-.
- Discúlpame, había olvidado que época internado en el ¿Psiquiátrico? –Inquiere Adrian -.
- ¡Calla! Déjate de tu acento irónico y sarcasmos… -Interrumpe Kael-.
- Verdaderamente que si has cambiado, hace un tiempo me hubieses golpeado en el acto, estas diferente, limpio, sereno y tan libre de culpa. –Inquiere nuevamente Adrian -. Te estaba esperando, debo admitir que fuiste rápido y no necesitaste mucho para llegar hasta acá. –continuó-.
- ¿de qué coño hablas? –Preguntó Kael-.
- Te lo explicaré… supongo que hallaste el anillo, lo he dejado en aquella butaca y le di instrucciones a ese viejo de que te orientara hasta este lugar. –Explica Adrian-.
- ¿Con que motivo haces esto? –pregunta perplejo Kael mientras busca el anillo en su bolsillo-.
- Dímelo tú… Te apareces después de tanto tiempo y tu actitud no me trae buena espina, espero no pienses en soltar la lengua, sabes a que me refiero ¿no? –Deduce Adrian mientras se peina frente al espejo-.
- De ser así te hubiese delatado sin necesidad de venir acá… -Responde seguro Kael mientras camina hacia el lavado-.
- Empezaba a preocuparme, ¿sabes qué? El resto del grupo ha desaparecido pero no me importa. Frank ahora me presiona con una deuda… pero sabía que sucedería, estoy listo para inculparlo y salir libre de todo, te preguntarás porque te digo esto ¿no? Es muy fácil, no espero que salgas de esta, espero me disculpes. –Explica Adrian mientras acomoda su corbata sutilmente e introduce su mano en el bolsillo de su traje-.
En ese momento Kael siente una leve brisa, un susurro que se desliza por su mejilla, como una postal de un lugar remoto, tan desconocido como incierto. Sus sentidos se agudizan y su percepción; ahora está rodeado de “nada” sólo oscuridad. Escucha algo, “ya es hora” y en ese momento aquel apartamiento en el que se había inmerso se había disipado. 


Kael se acercó furtivamente. Adrian casi sin percatarlo dio vuelta sólo para observar como lo tomaba por el cuello tan fuertemente que de manera inhumana comenzaba a levantarlo. Suspendido en el aire, Adrian observaba como los ojos de Kael yacían perdidos y nublados, como si no fuesen los mismos de hace rato ni los de hace meses. Kael sintió un repudio tanto inimaginable como incontrolable, su odio y su fuerza se desbordaban de manera caudalosa. 


Se había detenido el tiempo, por un instante Kael se preguntó “¿Qué hago?” sin embargo no le procuraba inseguridad alguna en lo que hacía. Mientras tanto Adrian recordaba cómo habían tapeado la pared con ladrillos, de aquel almacén donde abandonaron el cuerpo de esa mujer desconocida; sin embargo él no había intervenido pero si la conocía. Súbitamente se escuchó el chasquido de los huesos romperse, su cuello había cedido ante la fuerza casi inhumana de Kael, inmediatamente lo tiende sobre un escusado, revisa su bolsillo y saca una navaja y observando el rostro occiso de Adrian contornea la comisura  de sus ojos con la punta de la navaja dibujando una incisión. Kael sonríe levemente en su afán de arrancarle los ojos al cadáver de Adrian, logra sacar ambos globos oculares y la sangre que sale del cuerpo cae al inodoro.


Sin sentir remordimiento alguno Kael se dio vuelta, había presentido algo, sabía que era la misma sensación de hace rato, la misma diáfana presencia. En ese instante escucha “gracias” y luego “sígueme”. Aquella intuición lo llevaba entre pasillos iluminados hasta los rincones más oscuros. 


Se detuvo frente a la puerta, acercó la mano a la perilla, estaba helada y polvorienta. Su piel se erizó al mismo tiempo que su estupor crecía, la puerta se abrió frente a él y caminó hacia el umbral de la misma, su visión se hacía torpe y vacía frente a un lúgubre infinito, gritó para mitigar su pánico, para encontrar compañía siquiera con el eco de sus propios lamentos -¡Hola! ¿Hay alguien?-  a sí mismo recibe respuesta, no había forma de conseguir otra que no fuese esa, sin embargo guardaba una esperanza. 


Observó cómo se dibujaban algunas siluetas algo difusas que se aclaraban a medida que sus ojos se acostumbraban a la oscuridad. Con lentitud se adentró al cuarto, era una especie de almacén lleno de muebles viejos e instrumentos musicales arrojados al olvido, la nostalgia lo invadió al ver como habían caído en el desuso. Se paseó por el salón curioso, había visto algunos cuadros colgados y otros cubiertos, parecían muy antiguos. Kael centró su atención especialmente en uno de ellos, era el de esa mujer, la había estado siguiendo y recordando hasta ahora. El retrato pareció cobrar vida, así de manera agraciada su figura enmarcada en el lienzo se desdibujaba para hacerse materia carnal. De piel traslucida, delgada,  cabello azabache, labios carnosos y con un tenue rojizo como el inicio de un fuego. No abría los ojos, caminó rápidamente hacia Kael, mientras tanto él se encontraba estupefacto al admirar su desnudez. Su cuerpo estaba adornado por algunas prendas, cadenas y sarcillos de oro pero faltaba algo… 


Kael revisa en su bolsillo y encuentra el anillo, la mujer extiende su mano como una dama queriendo ser desposada y él con una leve reverencia le coloca el anillo. Por un momento su rostro pareció decrépito, tenebroso, de ultratumba. Kael casi da un paso atrás pero en ese momento siente el susurro en su oído, ya no estaba frente a él, se había deslizado entre las sombras para retenerlo y evitar su pánico. Esas manos cada vez más decrépitas alcanzaron a tomar a Kael arrebatándole suavemente los globos oculares de Adrian, casi podía escuchar su risa, en su mente. Con un movimiento sagaz, se oculta en la sombras, cobijándose en la oscuridad. Se para frente a él nuevamente y esta vez abre los ojos, solamente eran dos orificios vacíos donde lentamente introducía los globos oculares. Por un momento pareció observar a Adrian, dentro de sus ojos se evidenciaba su sufrimiento, una condena peor que el mismo infierno. 


La observa sonreír con malicia, disfrutaba del sufrimiento; quizás el de Adrian. Los ojos la ventana al alma –Musitó Kael-. En ese momento observó como ella sostenía un papel, era una hoja arrugada, donde se leía el nombre de ella, era Lilly un nombre muy peculiar. Lilly toma la mano de Kael, corta levemente la punta de su dedo, la sangre fluye como la tinta y guiándola comienza a crear trazos sobre el papel. Las palabras comienzan a escribirse,  delineándose como si se escribiesen con una pluma. 


“El fuerte olor a humedad, a polvo y recuerdos desvaídos y el viento que tropezaba todas esas esencias susurraba a mi oído una melodía que sulfura mi alma. Cenizas del tiempo, del olvido de la cual se desvistió aquel instrumento, artículo que había recitado tantas piezas, sugería una presencia, tal vez un encuentro o una mirada desde un cruel aciago frente a mí, así caminé temerosa y pacientemente; mis pasos exploraban el suelo y mis brazos el espacio turbio de quizás un eterno sosiego. Inconscientemente evocaban en mí imágenes fatídicas de un frívolo pasado. Tonos que hielan mi sangre y despellejan a tajos los vestigios de mi olvido y cordura. Entre tangos de uvas agónicas que se consumen unas tras otras. Póstumo vals de un fruto prohibido, su figura hizo presencia detrás de mí ignorando el tiempo, susurrándome... Surgió del polvo, de las sombras, del olvido. Un silbido se escuchaba, como si al atravesar el muro que representaba mi soledad me llamasen a un paraíso, a un sueño o simplemente a un epitafio de lánguida voz. Mis ojos vieron caer el telón y, mis parpados se precipitaron por segundos eternos. Me veo flotando en líquido de frío escozor... una voz que me susurra, el eco de un pensamiento de un sincero clamor precedido del deseo de traición. Mis ojos no se abrían y pese a que el instante se me hace eternidad observo el rostro cada vez mas decrepito de la dama frente a mí... del polvo a los huesos o de sus huesos al polvo taciturno, con olor a azufre y sabor a pecado y muerte.”




Así fue la carta habló por sí sola, El deseo que prevalecía en cada palabra y verso era cumplido por esa ¿respiración quejumbrosa? No sabía si había vida en “ella” pero definitivamente hasta después de la muerte la seguiría. Se había entregado a un inevitable destino, había firmado con sangre su propio testamento, su propia muerte y allí se encontraba frente a frente con Lilly, la mujer, el demonio que sostenía con ambas manos su cabeza. Lo miraba de frente con esos ojos que cambiaban a un tenue rojizo donde Kael se reflejaba a sí mismo agónico y decrépito, sin embargo no se resistía pues estaba resignado en sus brazos. El ciclo se había completado nuevamente, los elementos que constituían su recuerdo ahora estaban con ella, Lilly estaba completa. Aunque la venganza no sustentaba su existencia, allí estaba y estaría durante mucho tiempo más.

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