viernes, 9 de diciembre de 2011

Deseo consumado

Continuación de: http://laoscuraluzdelamente.blogspot.com/2011/11/paranoia-elocuente-incoherente.html






II


En medio de un pueblo rodeado por montañas, un valle, un gélido aliento emana de las cumbres y un bosquejo que se dibuja en mi mente de ese momento. Un instante de admiración, mi vista se enfocaba hacia el horizonte, hacia aquel tumulto de nubes grisáceas que haciendo un contraste entre su gris y el blanco de la nieve daba una perspectiva algo lúgubre al paisaje. El frio se cuela entre mis ropas, helando hasta mis huesos. No puedo evitar preguntar el ¿por qué? De mi afán de buscar una respuesta. Lo que en el polvo a caído se consumirá en el olvido… Intentaba persuadir a la razón o tal vez a la locura de no continuar con ese juego, con esa febril obsesión que me impulsaba a creer que debía conseguir esa respuesta pero no había manera, era algo inútil. Era como razonar con un idiota, hacerle entender a un ignorante… ya no había manera.

Aquel pueblo era más bien una ciudad repleta de personas, carretas y animales pestilentes además de los pobres. Los mercaderes anunciaban sus mercancías, las prostitutas te tentaban con cuerpos tan hermosos como mancillados y al mismo tiempo algún sujeto siempre intentaba persuadirte de darle dinero mientras planificaba la forma de robarte. Era un centro de impío regocijo rodeado de un consagrado paisaje; pues la naturaleza es lo más cercano a la obra de dios y todo lo que es tocado por la mano del hombre se convierte en perversión.

Pregunte a un comerciante por el símbolo en aquel colgante y me señalo una ruta, una mansión a unas calles de acá. Un lugar donde los aristócratas  solían reunirse en sus fiestas de exuberante derroche, donde el objeto era “socializar”. Al estar frente a la mansión quede asombrado por la exuberancia de aquella construcción, no solo eso, cada rincón desde el enorme territorio que ocupaba el jardín hasta su fachada era una exageración al lujo. Todo resaltaba, como si tuviese brillo propio, pero no era así… pues era la ciudad que se opacaba mas allá de la miseria; en ese momento creí estar entre un cuento de hadas y la cruda realidad. No imaginé la forma en que podría colarme dentro, sabía de alguna forma que debía entrar, me dispuse a entrar rodeado de una muchedumbre bullosa y ajetreada, los guardias en la puerta hicieron caso omiso y logre mi cometido. En el interior observe atentamente mi alrededor detallando aquellos adornos enchapados en oro, vajilla de plata, cortinas de seda y aquellas lámparas; su resplandor parecía resaltar la exuberancia de la mansión.

Una cantidad de personas en el salón, un deseo de encontrar la salida pese a la presión de tanta compañía. Enfoque mi atención en el interior de la mansión, entre colores blancos dorados, cortinas color sepia que contrastaban con los candelabros y otros adornos de oro. Una alfombra roja se extendía por el pasillo principal, todos caminaban sobre ella, parecía indicar el camino hacia la sala principal donde se llevaba a cabo la reunión.  Mi traje era lo suficientemente elegante como para eludir la mirada hambrienta de tantas fieras con corbata y vestido. En un ritmo somnoliento, apasionado y romántico fui atraído al centro de la sala movido por una regular danza de fieras enmascaradas, sueños rotos y creencias impuras disfrazadas rectitud insensata. Una moral paradójica irreverente y locuaz.  Un mezquino sentimiento de repulsión emana por mi cuerpo. Rechazo a un ambiente sobre saturado de inmundicia humana, son los cuerpos que en inercia danzan al ritmo de un vals de monotonía. Entre cuerpos distantes, rostros esbozados en hipocresía y existencias vacías te ví…

Me abrí paso entre la multitud, hombres y mujeres que complementaban un ambiente de euforia siempre atentos a las figuras en el centro de aquella gran sala. Las figuras de aquella fiesta, el conde Brantz y su hermosa hija Tabita. Siempre sonriente, con un semblante tan cálido que con solo mirarla fijamente provocaba que mi corazón flaquease.

Me detuve un momento a admirarla, su cabello tan vivo como el fuego, sus labios fogosos y sensuales. Di un paso al frente con ánimo de dirigirle la palabra, no podía articular bien mis palabras salvo un pequeño discurso de presentación. No fue la mejor impresión que pude dar y por supuesto no fue una entrada triunfal a su corazón, las puertas se me cerraron en mi propia nariz.

Tan esquiva y lejana que no pude siquiera alcanzar a tocar su mano. No hay razón por la cual se me deba negar el privilegio de un nuevo intento, de la felicidad sobre cualquier sacrificio. Mi alma podrá desvanecerse entre las manos del mismo Lucifer pero estoy seguro que te alcanzaré.
Su mano se acerco a la mía, estuve a centímetros de estrecharla. Una inoportuna interrupción arruino mi entrada y de inmediato su atención se fijo en un joven apuesto, miembro de una familia acaudalada. Mi reacción fue tardía, la oportunidad se esfumo y aquel sujeto me la arrebató, simplemente inaudito. Un momento de confusión, no lograba expresar aquello que perturbaba, un momento a solas fue suficiente. En el baño, mi imagen parecía distorsionarse frente al espejo y mientras todo daba vueltas la ira se desbordó, hice añicos aquel perturbado reflejo y escape de ese lugar.

Acá todo perdió sentido para mí, unas pocas palabras habrían de poder despertar nuevamente a aquel ser justo y honorable. Fui tirado al vacio en un instante, fue mediante las risas que observe un reflejo en mi mente. Entre lágrimas apaciguadas, risas descontroladas y un pavor en dos brillantes cristales azules, languideciendo lentamente. En aquel patio de juegos, la luz de media noche reflejada en la fuente de mármol donde dos pequeños ángeles jugando; ahora eran testigos de un momento tanto lúgubre como triunfal. Ya las ánimas comenzaban a aclamar su alma, la parca había hecho su trabajo, sin sonrisa ni brío su cuerpo se desplomó.

Ahora me encuentro en el suelo para dar el último aliento no a este cuerpo sin vida, a este cadáver maldito que dejo su corazón en una caja de odio y horror. A este cuerpo que perecido tras un trance de pasión y lujuria. De rodillas ante el fracaso me vi forzado a salir inmediatamente asqueado, sumido en un odio intenso, grabado tanto en mi mente como en mi mirada.

Un caos desatado, la alarma se desato en el mismo instante el que pude salir de auditorio, los gritos se hicieron casi palpables al unísono. Quise arrojar todo al vacío, al olvido y a la perdición; mientras me abría paso entre un sinfín de seres aborrecibles. Comprendo la sensación, la sorpresa, el miedo y la intriga de ver un cuerpo sin vida en plena fiesta. Luego caigo en cuenta de que todo aquello había sido solo una ilusión, visión o premonición de algún suceso. Recobre el conocimiento, estando de rodillas mirando fijamente hacia el techo, hacia el cielo e incluso más allá. Noté como me observaban intrigados, intrigados y aún más que eso asustado.
Me pongo de pie rápidamente para lograr salir de aquel lugar, era algo apabullante y sofocante; las voces, risas y miradas acusantes. Cada vez la sensación de cercanía al recuerdo era más fuerte, como un frío entre mis entrañas, helaba mi sangre y mis pulmones. Corrí hacia el patio trasero donde inmediatamente me desplome frente un hermoso jardín lleno rosas blancas y rojas, amapolas, jazmines entre otras. Los arboles esculpidos en diversas formas, pilares, cisnes y hasta una liebre.

Quede algo atónito por lo que veía ante mis ojos, recobre el habla cuando una hermosa y rubia dama se acerco a mi intrigada por mi extraña actitud. Ella de inmediato intento atraer mi atención, llamándome y al no lograrlo toco mi hombro. Mi reacción no fue muy sutil, mi cuerpo se estremeció de tal forma que voltee bruscamente en señal de defensa.

Ella de inmediato dio un paso atrás, tomó distancia y respiro profundamente para apaciguar el susto. “No quería asustarte” musitó, su rostro se había vuelto más pálido, sus movimientos eran algo torpes y en el momento en que la vi desplomarse al suelo me arroje hacia ella para tomarla entre mis brazos. Logré sentarla en un banco cercano, había perdido el conocimiento y luego de unos minutos lo recobró.

Al despertar tomó aire con todo lo que daban sus pulmones y al observarme fijamente a los ojos se sorprendió de tal manera que se levanto rápidamente, sonrojada y algo asustada miró a su alrededor percatándose de estábamos a solas y con intenciones de correr, escapar de su acosador (en este caso yo) tropezó torpemente y cayó al suelo. Me apresuré a ayudarla a levantar pero al parecer no confiaba en mí pero pese a mi insistencia pude lograr convencerla de no amenazaría su integridad física.

“Quiero observar por una vez el cielo, respirar el aroma de las flores  y admirar la belleza que se me negó desde mi nacimiento, confinada siempre confinada” Confesó mientras soltaba un largo suspiro, sus ojos se humedecían y centellaban… Rompió en llanto en aquel instante y realmente me sentí impotente, solo pude abrazarla y darle algo de calor en esa tarde de otoño. La observe inmutado tanto por su belleza como por sus palabras, no quería dejarla sin embargo quise buscar algo de agua para ella. No tardé mucho tiempo, unos cuantos minutos y al volver me percate que la silueta de su cuerpo ya no se encontraba dibujando ese paisaje, ya no estaba y la desilusión desquebrajo mi alma en aquel instante.

En el salón principal, allí estaba aquella mujer que había visto anteriormente en el patio, tan hermosa. Me dirigí hacia ella decidido obsequiarle un verso, derramar mi pasión con desenfreno, con mi mirada, mis palabras, mi lengua con su lengua y mi mano en su entrepierna. No me juzguen por ser lascivo, la perversión forma parte esencial del subconciente y yo como buen pecador no me limite a imaginar que la besaba, la desnude con la mirada y mis manos no se limitaron a solo acariciarla. A pesar de verla tan pura e inocente mi imaginación mansillo su virginal semblante. Su imagen me había cegado pero ella estaba mirándome fijamente mientras caminaba junto a aquel sujeto, dándome la espalda miró sobre su hombro por el rabillo del ojo y me dedico una sonrisa pícara. Ahora sí, el odio es la “verdad”… porque no acercarnos a la realidad, por más bizarra que parezca los sucesos no siempre se adaptan a una normativa, no existe algo que los rija… No observe una situación sin sentido en la que me veía más que comprometido emocionalmente.

Maldije más de una vez, me acerque a cualquier otra y la seduje hasta llevarla a la cama, siempre pensando en ella… No había remordimiento pero si un resentimiento incontrolable, una pasión dirigida por la lujuria. Con afán a desnudar el encanto, dejar el desespero inmutado. La damisela o mejor quizás mujerzuela se sacudió incesantemente y sus gemidos y quejidos eran silenciados levemente por mi mano. Una habitación totalmente cerrada, las cortinas no daban paso a la luz y el polvo abundaba pero no había razón por la cual tuviese que preocuparme por eso en aquel momento. Sin embargo, algo me inquietaba, era el golpeteo y gritos de la habitación contigua. Sabía muy bien lo que sucedía y sin embargo allí estaba fornicando con una mujer cualquiera, una desconocida. Lo único que quería en ese momento era una excusa para poder estar en esa habitación, sufrir como un vil condenado y a la vez usar un poco mi imaginación.

Mis instintos fueron claros, en aquel instante era incontrolable el deseo y la idea de tenerla entre mis brazos. Me dirigí directamente hasta aquella habitación alejada, subiendo escaleras y entre pasillos que guiaban hasta sus aposentos. Su fina voz se escuchaba claramente, sus gemidos eran tan claros que me hicieron comprender inmediatamente de lo que ocurría. Aquella escena era más que un espectáculo, para mí era una tortura imaginar que alguien más que yo mancillaba su cuerpo que era más expresión artística era una obra de dios o del mismo demonio. Su lienzo solo podía ser pintado por una expresión clara de la misma existencia, de la fábula ingenua de los ritos y de los signos de la humanidad en decadencia. La realidad en su esplendor, su esplendor en su estado más puro, sin mayor brío ni menor importancia… quizás no se entienda pero, así lo pienso. Era la representación de un infinito aquelarre.

Mis labios rompieron en sangre, no había más dolor que experimentar ese suceso. No pude borrar aquella imagen de mi mente, sinceramente era algo que difícilmente podría escapar de la mente de cualquier hombre. Quise intervenir pero entre mi cobardía solo escapé a la realidad y corrí a los brazos de la dulce mentira.

Un último grito se escuchó en la habitación contigua y, algo asombrado solo imagine la majestuosidad del furor de esa mujer. Mientras yo seguía incesante guiado solo por una loca fantasía más que el mismo placer que me provocaba la mujer a mi lado. Luego de terminar, me levante y tome mis prendas, en aquel momento un pequeño ruido se escuchó en el rincón de la habitación, algo extraño como si algo rodara por la alfombra y golpeara la mesa junto a la cama. No había suficiente iluminación como para poder ver lo que era, tome un cerillo que guardaba en mi bolsillo y lo encendí. Para mi sorpresa, estremecido por lo que acaba de ver, retrocedí y caí de espalda asombrado y aterrorizado, mi corazón latió de una manera anormal y el sudor frio que emanaba de mi cuerpo. Allí estaba aquella imagen casi circular y sus dos brillantes ojos me enfocaban a mí, ¿¡era una cabeza!? Quizás producto de mi imaginación. No, sin duda eso era, ese olor a muerte, ¿Por qué ahora? No comprendía…


Continua en: http://laoscuraluzdelamente.blogspot.com/2011/12/remembranzas.html

Licencia de Creative Commons
Deseo Consumado by DjBaal Thanatos, Daniel González is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

No hay comentarios:

Publicar un comentario